Apple ayudó a Chica a dominar el mundo de los vehículos eléctricos sin darse cuenta
Apple nunca se propuso cambiar el panorama industrial global, pero terminó haciéndolo. A través de su decisión de fabricar productos como el iPhone en China, no solo buscó mano de obra barata, sino que, sin quererlo, sembró la base del poderío industrial del país asiático. La frase “Designed in California. Made in China” se convirtió en algo más que un lema: fue una realidad que transformó a millones de trabajadores chinos y al aparato productivo del país.
Según Patrick McGee, ex-corresponsal del Financial Times, Apple invirtió miles de millones de dólares en infraestructura, capacitación y procesos industriales en China. Entre 2016 y 2021, estas inversiones equivalieron a la mitad del valor total del Plan Marshall original cada año. Esta enorme inyección de capital y conocimiento convirtió a China en un gigante industrial capaz de desarrollar sus propias tecnologías, más allá de simplemente ensamblar productos extranjeros.
El impacto fue tan profundo que muchas de las habilidades adquiridas en las fábricas de Apple se trasladaron a otros sectores, como la industria automotriz. Hoy en día, China no solo es el mayor productor de coches eléctricos del mundo, sino que también exporta su tecnología y compite directamente con gigantes como Tesla. De hecho, empleados formados en las fábricas que producían iPhones han sido contratados por Tesla en Shanghái para aplicar ese conocimiento en la producción de vehículos eléctricos.
Así, lo que comenzó como una estrategia de reducción de costos por parte de Apple terminó siendo un catalizador del dominio industrial chino. El país aprovechó la oportunidad no solo para aprender, sino para reinventarse y liderar nuevas industrias clave para el futuro. Una historia que, aunque suene increíble, refleja cómo una decisión empresarial puede cambiar el rumbo de la economía global.




